Técnicas poco convencionales, planos inusuales, contrastes exagerados, fotomontajes... La época de mayor esplendor de la fotografía era el resultado de la cultura de la tecnología, más próspera y sorprendente conforme avanzaba el siglo XX. Artistas como Henri Cartier-Bresson, Walker Evans, Berenice Abbott, André Kertész, Imogen Cunningham y Helen Levitt eran autores de una nueva visión que mezclaba un acercamiento artístico con el dinamismo del documental y el reportaje.
El Museo de Arte Samuel P. Harn de Gainesville (Florida - EE UU) expone una selección de instantáneas de grandes autores del siglo XX que revolucionaron el lenguaje fotográfico entre 1918 y 1945. The Modern Impulse (El impulso moderno) se centra en los años decisivos en que la cámara portátil de 35 milímetros se convirtió en un instrumento poético, de análisis y de cambio social.
La muestra, hasta el 6 de enero, se detiene el periodo de entreguerras y termina con el fin de la II Guerra Mundial en un repaso por la obra de 40 artistas que transformaron el modo en de entender la fotografía hasta entonces y crearon un código visual que sigue presente en nuestra memoria colectiva. Todos asociaban la tecnología y la espontaneidad, capturaban el espíritu de los cambios que sufría la sociedad en un siglo de sucesos traumáticos.
El Museo de Arte Samuel P. Harn de Gainesville (Florida - EE UU) expone una selección de instantáneas de grandes autores del siglo XX que revolucionaron el lenguaje fotográfico entre 1918 y 1945. The Modern Impulse (El impulso moderno) se centra en los años decisivos en que la cámara portátil de 35 milímetros se convirtió en un instrumento poético, de análisis y de cambio social.
La muestra, hasta el 6 de enero, se detiene el periodo de entreguerras y termina con el fin de la II Guerra Mundial en un repaso por la obra de 40 artistas que transformaron el modo en de entender la fotografía hasta entonces y crearon un código visual que sigue presente en nuestra memoria colectiva. Todos asociaban la tecnología y la espontaneidad, capturaban el espíritu de los cambios que sufría la sociedad en un siglo de sucesos traumáticos.
En respuesta al nuevo urbanismo de los años veinte, los artistas transformaron el paisaje urbano en formas abstractas, patrones que obedecían a la producción industrial y la vida controlada de las ciudades. Las imágenes de Berenice Abbott de los rascacielos de Nueva York son un ejemplo del deseo de encerrar la metrópolis en un encuadre que resalte las estructuras y se aleje del significado tradicional del paisaje. Otro modo de descontextualizar era el que aplicaron en sus creaciones Ansel Adams, Edward Weston e Imogen Cunningham con primerísimos planos, resaltando las texturas y rechazando los objetos.
La conexión entre lo ordinario y lo fantástico
Brassaï, Kertész y Cartier-Bresson practicaron la conexión entre lo ordinario y la fantasía. Influidos por el surrealismo, veían la vida cotidiana plagada de lugares oscuros, objetos olvidados, personajes marginales que escondían una naturaleza misteriosa tras su apariencia... La otra cara de esa ensoñación era la activista. Walker Evans, Marion Post Wolcott y Paul Strand son ejemplos de la capacidad documental de los fotógrafos, que capturaron también los extremismos políticos, los desastres económicos y sociales.
The Modern Impulse termina su recorrido con libros, revistas y películas que propagaron el reconocimiento de la fotografía (un medio menospreciado hasta entonces) como arte. Publicaciones como Life, Harper's Bazaar, Vanity Fair o De Stijl respaldaron la labor de los autores que, carrete tras carrete, fabricaron la mirada del siglo XX.



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