HISTORIA DE NAVIDAD
Había una vez un precioso país, situado al Sur, muy al Sur, y al Oeste, muy al Oeste, de Europa; más bien parecía un cruce de caminos, un escalón hacia el Norte, hacia el Sur, hacia el Saliente y hacia Poniente.
Pues bien, en aquel país había un “Cole”, un
colegio más, de tantos y tantos colegios repartidos por sus ciudades
y pueblos.
Las clases venían impartiéndose en sus aulas
desde los comienzos del siglo XX. Siempre con toda normalidad; tanta
normalidad que a veces se caía en la monotonía. Pasaron los años,
los meses, los días, las horas y llegó el siglo XXI.
A aquel
país encrucijada de caminos, empezaron a llegar muchas familias de
todos los puntos cardinales. Y con las familias niños y niñas con
distintos idiomas, colores y costumbres. Y claro, las aulas de aquel
hermoso y vetusto colegio se fueron llenando con aquellos niños y
niñas que se unían a los que siempre habían vivido en aquel
país.
Los profesores estaban preocupados. Su labor ahora, se
iba haciendo más difícil ante aquella diversidad. ¿Sería un
obstáculo en su tarea?.
Corría el mes de diciembre y como
siempre llegaba la Navidad. Los profesores se reunieron en claustro.
Allí se plantearían sus temores, sus preocupaciones y sus ganas de
hacer las cosas cada vez mejor con aquellos alumnos y alumnas recién
llegados. Se leyó el acta del Claustro anterior. Se aprobó. Y
cuando iba a comenzar el gran tema que les reunía apareció por la
puerta el conserje. Llevaba una gran cesta, de aquellas de Navidad,
adornada con un hermoso lazo de color rojo.
Dentro de la
cesta, y colocadas de forma primorosa, un sin fin de frutas: piñas,
naranjas, uvas, kakis, mangos, plátanos, lichis, manzanas,
arándanos, frambuesas, kiwis, moras, peras, cerezas, papayas,
dátiles...
Se acercó a la gran mesa y dijo: “Miren, aquí
les dejo este obsequio que acaban de dejar tres señores muy
distinguidos y que no han querido decir su nombre”.
Los
profesores se quedaron gratamente sorprendidos.
Hubo un
silencio y alguien dijo: “Fijaos, todas frutas y todas distintas y
qué bonita diversidad de tamaños, formas y colores. No sabría con
cuál quedarme. Aunque si, creo que me quedaría con todas.
Rieron
todos la ocurrencia de su compañero.
Se hizo de nuevo un
breve silencio. Se miraron unos a otros, y un mismo pensamiento les
unió y animó. Un pensamiento que pareció disiparles los temores,
infundiéndoles ánimo y fuerza: “Eso eran sus alumnos y alumnas,
un gran cesto de frutas preciosas y diversas que aumentaban su
belleza y su valor estando juntas”.
No escatimarían
esfuerzos para lograr su desarrollo como personas iguales, aunque
ello entrañara un sin fin de dificultades.
La fuerza les vino
por eso, porque era Navidad, y Navidad siempre ha significado
comprensión, tolerancia y amor.

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