martes, 11 de diciembre de 2012

Mejorar la Digestión para Adelgazar...


El aumento de peso junto con síntomas como migrañas, tos crónica, mucosidad frecuente, flautulencias o pelo y uñas frágiles puede indicar que hay alimentos de la dieta que están produciendo una intoxicación.
La digestión es el proceso químico por el cual se consiguen los nutrientes que el organismo necesita en una forma que puede asimilar. Todo lo que comemos repone los nutrientes que nuestro cuerpo necesita para su buen funcionamiento, por lo que si la digestión es incorrecta el organismo estará mal nutrido y su funcionamiento no será el adecuado. Pero además, en muchos casos, la rección del organismo ante una mala digestión es la causa del sobrepeso.
Cuando hay una mala digestión el organismo no consigue los nutrientes que necesita y además se forman partículas que actúan en el organismo como toxinas, desencadenando una reacción alérgica retardada.
Al no estar bien nutrido, el organismo pedirá que comamos. Y la tendencia será a comer los alimentos habituales y, entre ellos estarán los que se digieren mal, con lo cual no se consiguen reponer los nutrientes necesarios pero se siguen aportando calorías continuamente, por lo que si no se rompe el círculo apetito – mala digestión – intoxicación – mala nutrición – apetito se engorda.
Ante la presencia de las toxinas (antígenos) producidos por la mala digestión el organismo retiene líquidos, para diluirlas y minimizar así su efecto. Una vez que se ha estabilizado en esta situación necesita mantenerla, por lo que demanda más toxinas, creando un apetito selectivo por los alimentos que producen las producen, o sea, los alimentos que se digieren mal. Se entra así en un círculo vicioso de malas digestionesintoxicaciónapetito selectivo (adicción)mala digestión.
Los síntomas de esta intoxicación son muy variados, y muy frecuentemente se confunden con otras afecciones:
· Migrañas, desmayos, dolor de cabeza en ojos y sienes, vértigos, sensación de tener la cabeza llena.
· Ojos llorosos, visión borrosa.
· Rinitis (goteo de la nariz), excesiva formación de moco, tos crónica.
· Dolor de oídos, tinitos (zumbidos o pitidos en los oídos).
· Palpitaciones, taquicardia, asma, congestión en el pecho.
· Ansiedad, depresión, llanto, comportamiento agresivo, ataques de pánico.
· Nauseas, vómitos, diarrea o estreñimiento, hincharse después de las comidas, flautulencias.
· Urticaria, dermatitis, sarpullido, palidez, piel seca, caspa, uñas y pelo frágiles.
· Sindrome premenstrual, fatiga crónica, debilidad, dolores musculares.
· Aumento de peso injustificado, dificultad para perder peso, obesidad.
Es habitual estos síntomas que se atribuyan a una causa equivocada, que no llega nunca a confirmarse, y la persona afectada consulte a multitud de especialistas médicos sin encontrar una respuesta concluyente ni un tratamiento exitoso, solo un poco de alivio a sus síntomas, en el mejor de los casos.
Detectar los alimentos mal digeridos mediante un análisis de sangre, que detecte los anticuerpos específicos producidos frente a los alimentos habituales, es la clave para empezar a solucionar la intoxicación del organismo por los alimentos mal tolerados. La intolerancia a alimentos no es una alergia, por lo que el test de alergias no la detecta.
Una vez que los alimentos que el organismo no tolera se retiran de la dieta habitual la mejoría es rápida y evidente:
· Todo lo que se come se digiere correctamente. El organismo comienza a remediar sus carencias y se limpiará progresivamente de los productos perjudiciales.
· En el momento en el que el organismo se encuentra bien nutrido se reduce el apetito y se consumen solo las calorías precisas, por lo que es frecuente que se baje de peso con muy poco o ningún esfuerzo.
· Al reducirse los niveles de toxinas, también desaparece la adición a determinados alimentos.
Aunque no se conozcan los alimentos mal tolerados, se puede comenzar a actuar para mejorar la nutrición mientras se investigan las intolerancias alimentarias:
· Retirar los alimentos que más frecuentemente son causantes de intolerancias, como los cereales con gluten y los lácteos u otros alimentos que contengan lactosa.
· Reforzar la digestión con suplementos que la estimulen, como las enzimas digestivas, la betaína clorhídrica (betaína HCl) o los extractos de alcachofa, boldo o cardo mariano.
 

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